Con frecuencia los adolescentes dicen que se
sienten incomprendidos por sus padres, que se empeñan en que hagan las cosas
como ellos las hicieron y que esa forma de vivir está anticuada, no encaja con
las situaciones vitales a las que ellos se enfrentan ahora.
Y no les falta razón, al menos en parte. Pero uno
de los rasgos de la adolescencia es el extremismo: las cosas son blancas o
negras. Hay que dejar pasar los años para que la imagen en blanco y negro con
luces y sombras muy marcadas se suavice con el descubrimiento de la gama de
grises y de todos los infinitos colores que tiene la paleta de la vida.
"Uno de los rasgos de la adolescencia es el extremismo: las cosas son blancas o negras"
Cuando en un campo concreto los adolescentes se
sienten incomprendidos por sus padres, tienden a extrapolar para llevarlo al
extremo en el que se sienten cómodos, y concluyen que sus padres en absoluto
les entienden. Y se cierran en banda a recibir ningún tipo de experiencia que
vena desde los padres y que a lo mejor les sería útil. Se rompe la
comunicación.
Si quieres mantener un diálogo fluido con tus hijos
adolescentes, no les des grandes lecciones acerca de lo que tú hacías cuando
tenías su edad, especialmente poniéndote tú como ejemplo de lo que se debe
hacer –a menos que te lo pregunten… Y no porque no tengas razón en lo que
argumentas, que seguramente a veces la tienes, sino porque de esa forma tu
mensaje no les llega y corres el riesgo de que te cierren la puerta y eviten la
comunicación.
"Si quieres mantener un diálogo fluido con tus hijos adolescentes, no les des grandes lecciones acerca de lo que tú hacías cuando tenías su edad... "
Cuando haces esto, de forma implícita les estás
diciendo que no tienen ni idea de la vida y que te necesitan a ti para que le
digas cómo se tiene que hacer todo. Este es uno de los peores mensajes que le
puedes mandar a un adolescente, que lo que necesita es desarrollar la confianza
en sí mismo y en su capacidad para resolver satisfactoriamente las papeletas
que se va encontrando, y que necesita sentirse valorado como prueba de que es
amado. Seamos inteligentes-prácticos y centrémonos por lo tanto en el resultado
que queremos obtener, y luego actuemos de forma que consigamos ese resultado.
Vamos por lo tanto a guardar las batallitas del
Abuelo Cebolleta para los nietos cuando los tengamos, y a los hijos
adolescentes probemos a escucharles. Solo a escucharles, no a
escuchar-para-replicar, no a escuchar-como-quien-oye-llover… Cuando te hayan
contado todo lo que quieren decir, entonces guíales con tus preguntas: “¿puedo
ayudarte yo de alguna forma con esa situación que te preocupa?”, “¿Cómo puedo
ayudarte?”, “¿cómo quieres que te ayude?”. Y escucha otra vez. Utiliza tu
experiencia para tener contención, paciencia, y déjales que sean ellos los que
tomen la iniciativa, aunque de hecho seas tú el que les va guiando; como el mar
de fondo, por debajo, sin que se note. Ten la generosidad de dejarles que se
sientan importantes. ¿Qué puedes perder por probar?; las lecciones magistrales
ya has visto que no funcionan, prueba algo diferente y seguramente obtendrás
resultados diferentes.
" ... a los hijos adolescentes probemos a escucharles. Solo a escucharles, no a escuchar-para-replicar, no a escuchar-como-quien-oye-llover… "
Para que en un diálogo se produzca una comunicación
eficaz, es de capital importancia que se dé una escucha activa. No les empujes
a terminar sus argumentos, no te impacientes porque no son capaces de llegar a
una conclusión… Es de esperar que les cueste, porque son adolescentes, no
adultos; la parte de su cerebro que realiza esas funciones se está
desarrollando ahora.
Un manzano nunca dará peras. Nunca. Empeñarse en
pedírselas no solo es una pérdida de tiempo sino que te hace malgastar una
energía que necesitas para otras cosas.