jueves, 10 de octubre de 2013

La Importancia del Vínculo Emocional



La falta de comunicación entre los padres y sus hijos adolescentes es uno de los motivos principales por los que unos padres acuden a solicitar la ayuda de un coach de familia. La creciente sensación de estar hablando con una pared, el notar que cualquier cosa que decimos cae en saco roto, no la escuchan, no les interesa, les resbala, e incluso les molesta y parece que les cierra cada vez más.

Cuando la comunicación entre padres e hijos se ha roto (o notamos que claramente va perdiendo calidad), es importante que tendamos puentes que salven ese vacío que nos va separando de nuestros hijos. La vinculación emocional que tenemos con ellos se pierde si no somos capaces de comunicarnos con ellos de forma eficaz.

Es necesario que realicemos un esfuerzo conjunto los padres y los hijos, para relacionarnos los unos con los otros desde el corazón, y no solo desde las razones del intelecto. El vínculo emocional con nuestros hijos les da una seguridad que adquiere una especial importancia durante los años de la adolescencia. Es más importante que las múltiples actividades extraescolares, los viajes, los iPhones y todo tipo de gadgets. Es tan importante como el comer, pero con frecuencia lo ignoramos.

Ese vínculo afectivo que se genera cuando establecemos una comunicación eficaz desde el corazón, se trasluce en el respeto mutuo y en un entendimiento más profundo los unos de los otros. Por el contrario, vivir bajo un mismo techo sin tener una conexión a nivel de corazón y sin que los chicos se sientan comprendidos a nivel de sentimientos, tiene para ellos unos efectos muy negativos a la hora de integrarse en la sociedad, y por lo tanto a la hora de sentar sólidos fundamentos de la vida que quieren vivir.

La existencia mantenida de ese vínculo emocional con los padres, alimenta la confianza que necesitan tener en sí mismos especialmente en estos años marcados por el alto nivel de incertidumbre y cambio en todos los ámbitos de su vida. Esa confianza en sí mismos les será de mucha ayuda cuando tengan que tomar decisiones impopulares entre sus amigos, en un momento de sus vidas en el que la necesidad de pertenencia al grupo es tan intensa.

Los adolescentes con mucha frecuencia acuden al colegio o sencillamente salen al mundo arrastrando un bagaje emocional de asuntos no resueltos en casa, e intentan buscar las explicaciones y las soluciones a los conflictos con sus padres entre otros chicos que están en sus mismas circunstancias. Y esto no siempre sale bien.

¿Cómo pueden los ocupados padres de hoy en día intensificar los vínculos emocionales con sus hijos y darles una atención de más calidad en medio de unos horarios estirados ya al máximo? ¿Dónde encontramos tiempo para tener la oportunidad de comunicarnos con nuestros hijos a un nivel más profundo? No hace falta mucho tiempo, hace falta aprender a comunicarse con eficacia.

Y para ello, aprender a escucharnos los unos a los otros desde el corazón es el primer paso. La mayoría de la gente escucha a los demás solo desde la cabeza, con sus propios pensamientos y emociones corriendo por su mente al mismo tiempo que escuchan. Esto da lugar a huecos o gaps en la comunicación y también a interferencias; se producen juicios de valor, y aparece el resentimiento y la distancia entre ambas partes.

¿Escuchas a tus hijos desde la cabeza o desde el corazón? ¿Mientras ellos hablan, estás siguiendo tu propio hilo de razonamiento en tu cabeza, listo para imponer tus experimentadas ideas en cuanto callen para respirar? Cuando escuchas lo que tus hijos te cuentan, ¿intentas escucharlo como si tú mismo fueses un niño de su edad? Ellos no saben cómo se ve la vida desde los ojos de una persona adulta; nosotros sí que sabemos cómo se ve la vida desde los ojos de un adolescente.

Abre tu corazón y escucha lo que dicen y lo que callan tus hijos. Te sorprenderás.