C: “Tengo un hijo de 15 años que se está
juntando con compañías que no le hacen ningún bien. No nos escucha ni a su
padre ni a mí. Cuánto más le decimos, más va con ellos… Hemos intentado
cambiarle de colegio, prohibirle que quede con ellos, castigarle…de todo. No
hay forma. Estamos desesperados, no sabemos ya qué hacer para controlar su
conducta…”
Yo: “ Y en qué piensas que te puedo ayudar yo?”
C: …………..
C: ”no sé… “
Yo: ……………...
Yo: ……………….
Yo: ………………
¿Sabes lo qué
quieres en tu vida?, ¿cómo quieres que sea tu vida?, ¿qué tipo de relación te gustaría
tener con tus hijos? ¿Tienes con ellos la relación que te gustaría tener? Si
ahora mismo te diesen un papel en blanco y te pidiesen que describieses en un minuto cómo sería la relación ideal que te
gustaría tener con tus hijos, ¿serías capaz de hacerlo?
A veces no
sabemos lo que queremos en nuestra vida, pero sin embargo esperamos que los
demás lo sepan y nos lo digan. No nos damos cuenta de que la vida que tenemos
la vamos creando a medida que la vivimos, con nuestras elecciones. Es nuestra
responsabilidad, la de cada uno, crear su propia vida. ¿Estás creando la vida
que quieres tener?
Solo creamos la
vida que queremos tener cuando la vivimos de una forma consciente. Si vivimos a
remolque, en piloto automático, sin pararnos a pensar, dejándonos llevar,
sin tomar responsabilidad de lo que hacemos y de lo que no hacemos, sin duda
vamos a vivir una vida, pero no será la que nosotros queremos, sino la que
quieren los demás.
¿Te gusta la vida
que estás viviendo? ¿Te gusta la relación que tienes con tus hijos? Si no te gusta,
¿qué te impide cambiarla? Si nada te lo impide, ¿por qué no lo haces? Solo tú
puedes hacerlo. Pero para eso primero tienes que saber qué es lo que quieres.
El primer paso
para mejorar las relaciones que tenemos con nuestros hijos, es asumir la parte
de responsabilidad que nosotros tenemos en ellas. Las relaciones
interpersonales siempre son entre dos personas, y la calidad de las mismas
depende de lo que aporten ambas personas a la relación.
Si no te acaba de
gustar la relación que tienes con tus hijos, piensa qué es lo que tú estás
contribuyendo a esa relación para que sea como es. Eso que tú contribuyes está
en tu mano cambiarlo, y cuando lo que tú aportas sea diferente, la calidad de
la relación cambiará.
¿Qué aportas tú a
la relación con tu hijo?; ¿te has parado a pensarlo?